Aug 31

RuChi. Segunda Dosis de la Ruta Chichimeca

El miércoles 23 de agosto del 2017 amanecimos descansados y contentos, dormimos como bebés después de la jornada anterior y de la opípara cena. El día amaneció soleado y Tere nos preparó cóctel de frutas, huevo a la mexicana y café de olla para desayunar. Desayunamos y todos alistaron sus bicis, ahora cargando todo el equipaje en alforjas, pies no había vehículo de apoyo, pues no pudimos conseguir un voluntario para que manejara la troca con la que contamos. algunos compañeros se llevaron sus cosas ¡en mochila a las espaldas!

Después del desayuno nos fuimos ya preparados a el punto oficial de salida, La tumba de Zapata en la Plaza Revolución del Sur (Plaza del Señor del Pueblo). En donde frente a la estatua del revolucionario nos dio el baderazo de salida la sindico Paola Cruz, servidora municipal que ha promovido el uso de la bicicleta durante su gestión. Después del banderazo atravesamos la ciudad entre alegres gritos y sonoros silbatazos de los compañeros… (continuara)

Aug 03

“Sin ti” cuento

Los panchos Cuautla, Morelos, jueves, 26 de julio de 2014

Taller de creación literaria

Cuento: “Sin ti

Escrito por, Jorge Alberto Ornelas Lizardi

Una fuerte punzada en la espalda baja le despertó del sopor, desde el sofá sobre el que estuvo toda la noche echado, Tim pudo ver el desorden y tiradero por todo su departamento: ropa sucia y arrugada, latas vacías de cerveza, ceniceros llenos, empaques de comida rápida vacíos. Por las bocinas del estéreo sonaba a todo volumen haciendo retumbar los cristales de las ventanas, la canción de “Los Panchos”, que programada para repetirse, seguía haciéndolo como lo hizo toda la noche, “sin ti no podré vivir jamás, y pensar que nunca más estaré junto a ti …” Tim pensó —Ah, que bella canción de amor. Recordó las últimas palabras de Mara, su ahora ex novia: —no tiene que ver contigo, soy yo. Quiero que nos demos un tiempo.

Tim se levantó del sofá, quiso ver la fecha en su smartphone, pero estaba descargado. Encendió la tele en el noticiero, vio que eran las dos de la tarde y que ya habían pasado tres días desde que Mara pidió “tiempo fuera”. Fue por otra cerveza al refri, encontró que sólo había un cartón de leche caducada y algunos frascos de aderezos semivacíos. Buscó en los anaqueles de la despensa pero ya no había que beber, además, tampoco encontró nada comestible. Se dio cuenta que ya se había comido hasta las galletas saladas, cuyos envoltorios vacios yacían en el piso de la cocina. Regresó a hundirse otra vez en el sofá, pero el hambre, la sed de la resaca y el dolor de espalda, lo obligaron a levantarse nuevamente. Si quería comer, tenía que salir. Fue al baño y se vio al espejo, despeinado, barbón, ojeroso y demacrado.

Del reguerete en el piso de la sala-comedor recogió una gorra y se la caló, —con esto la hago. —Pensó. Tomó su cartera, el celular que había puesto a cargar al despertarse y cubrió sus ojeras con unos grandes lentes oscuros.

Después de comer, y beber toda la jarra de dos litros de agua de limón que pidió en el restaurante de la esquina, se sintió mejor. Reviso su cel y vio el registro, ¡213 llamadas a Mara! El aparato indicaba que Mara solo había contestado las tres primeras. Marcó nuevamente, —“el numero que usted marcó está desconectado o se encuentra fuera del area de servicio” —se escuchó. La buscó en el WhatsApp, el Twitter y el Face. Se dio cuenta que ella lo había bloqueado en los tres sitios.

Entonces recordó a su amigo y consejero, Ramos. Había dejado de frecuentarlo desde hace más de un año. Fue cuando Ramos le sugirió que ya no le rogará a Mara, que ella actuaba de forma muy superficial y narcisista, bebía mucho y al parecer no le era fiel.

—Este pinche viejo egoísta me tiene envidia. —Se dijo Tim en esa ocasión. Desde entonces no lo visitaba ni le llamaba. Le marcó y le dijo que tenía un problemón. Ramos lo saludó efusivamente y lo citó en su casa a las 8 de la noche después de salir del trabajo.

Tim llegó a una pequeña casa de interés social 15 minutos antes de las 8, era una de las muchas buenas costumbres que había aprendido de Ramos, la puntualidad. Ramos, enfundado en bermudas y playera, le abrió la puerta y lo invitó a pasar al jardín trasero, donde sobre una sencilla mesa de madera había una jarra de agua y dos vasos. Le dio un abrazo y lo invito a sentarse.

—Ya valió madre todo. —Escupió Tim con voz entrecortada y a punto del llanto

—¿En serio?, —Preguntó Ramos.

—Sí, todo se fue al carajo.

—Pues qué bueno que me avisas, para tomar las medidas pertinentes. ¿Cuándo es el fin del mundo?

— ¿Quién habló del fin del mundo?

—Pues tú. Me acabas de decir que ya valió madre todo, que todo se fue al carajo.

—Pues se acabó para mí. Mara terminó conmigo. Se fue con otro, más joven, más rico y más guapo que yo.

— ¿Y cuál es el problema Tim?

—Pues que sin ella no puedo vivir. ¿No lo entiendes?

— ¿Y cuándo será el funeral?

— ¿Cuál funeral Ramos? ¡No me espantes!

—Pues el tuyo. Dices que no puedes vivir sin ella. Eso quiere decir que tú pronto morirás, pues la necesitas para vivir.

—Quiero decir que sin ella no podré ser feliz.

—¿Nunca fuiste feliz antes de conocer a Mara?

—Sí, sí, antes fui muy feliz.

—Eso demuestra, entonces, que no la necesitas para ser feliz. Ahí tienes la prueba de que es posible ser feliz solo.

—Pero yo no quiero vivir sin ella, no quiero vivir solo. Quiero vivir acompañado.

—El que tu lo quieras así, no significa que tenga que ser así. Tim, deja de romperme las pelotas, deja de chillar como infante. Anda y disfruta de la vida, asiste al cine, ve a comer, a caminar, a correr. Búscate una amiga, aunque esté fea. Tú puedes ser feliz con Mara o sin ella. No naciste con ella.

Platicaron de otras muchas cosas más, hasta que se acabó el agua de la jarra y dieron las 12 de la noche. Se despidieron con un abrazo.

Cuando llegó a su departamento, Tim lo ordenó un poco, se sentó frente a su computadora, busco a Mara en sus redes sociales, la dio de bajá de sus contactos y borro todas las fotos que tenia con ella. Revisó su cel y eliminó todo lo relacionado con Mara: mensajes, fotos, historial. Tomó una bolsa de basura y arrojó ahí todas las cartas, fotos, tarjetas, peluches y regalitos que ella le dio. Después se rasuró, se dio un baño, se puso su loción favorita y su pijama. Apagó las luces y se acostó en la cama de su recámara. Muy pronto se quedó dormido…

Sólo habían pasado diez minutos desde que se durmió. De pronto, despertó, se incorporó de un salto, rápidamente fue a la sala y prendió la luz, llegó hasta el estéreo, lo encendió y pulsó la tecla que expulsa el CD, el aparato, con un leve chirrido vómito el disco, Tim lo tomo en sus manos y pudo leer en el centro del CD: “Trío Los Panchos, Grandes Éxitos”. Antes de romperlo en pedacitos, alcanzó a leer el título de la canción que tanto le gustara, “Sin ti”. Tomó los trozos del disco, abrió la ventana y los arrojó a la calle desierta. Regresó a su cama, se acostó y se durmió.

 

Jorge Alberto Ornelas Lizardi

jorgeornelas@hotmail.com

www.jorgeornelas.com

Jul 31

Políticos y poetas

20130731-015159.jpgHace algún tiempo asistí, invitado por unos amigos, a una lectura de poemas. En tal lectura había políticos invitados, ellos al parecer  habían contribuido económicamente para las actividades de ese día. Mi amigo poeta me mostró algunos de los que el titula poemínimos, idea que me gustó. Así que yo escribí el siguiente inspirado por los sucesos de esa tarde:

Poemínimo

No es política, es demagogia.
No es poesía, es zalamería.
Desde su tumba, Neruda lanza
contra ellos, los versos más tristes esta noche.

jorge ornelas

Apr 22

La idea de vida en los narcocorridos: una mirada desde las ciencias sociales y las humanidades

-Ponente: Julieta Espinosa, La idea de vida en los narcocorridos: una mirada desde las ciencias sociales y las humanidades

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Dra. Julieta Espinoza “La idea de vida en los narcocorridos” by Jorge Ornelas on Mixcloud

Aug 02

Por qué no me haría un tatuaje

Por qué no me haría un tatuaje

Jorge Ornelas, el jueves, 15 de abril de 2010

 Me gusta el arte, me gusta el dibujo. Me gustaría mucho tatuarme hoy el busto de Sócrates en mi hombro. ¿Por qué, entonces, no voy ahora a que me lo hagan? El problema es que, aunque en éste momento pienso que no cambiaré de opinión, y no en cuanto al gusto por tener tatuajes, pues como esta decisión cae dentro del ámbito de la estética, y esta, es mayormente aceptada como subjetiva, no tendría que sustentarla más que con  mi gusto.

El problema que veo es el siguiente: la primera vez que pasó por mi mente la idea de hacerme un tatuaje fue en mi adolescencia. En ese tiempo me hubiera tatuado el nombre de Liz , mi novia, en el hombro y desde luego una foto de su rostro. Unos cinco años más tarde tendría que haberme hecho un tatuaje encimado, para tapar la foto y el nombre anterior, pues Liz se caso con un gringo; Digamos que la foto la convirtieran en paisaje de Europa y el nombre  en cualquier palabra extranjera que sonara chic para esos días.

Unos años después y algunos nombres más con sus respectivos paisajes encimados y nombres extranjeros ya me iría pareciendo a un diccionario de lenguas extranjeras.

Después, creo, hubiera pedido el retrato de Rockefeller y un centenario (de los de oro) en mi pecho, un yatecito y el Lear jet que un día soñé comprarme.

Creo que hasta por ahí, y en un lugar no muy a la vista para no causar problemas con la ley, me hubiera dibujado una cucharita de esas que servían para servir la nieve, y no la de fresa precisamente.

Unos años más tarde, después de borronear todo lo anterior, me hubiera tatuado a Gandhi en el antebrazo, y cerca de ahí a Bill W. ,  y desde luego un triangulo dentro de un circulo.

Los tatuajes de los últimos años serian los nombres de mis hijos, también a Albert Ellis. Mi primer filósofo hubiera sido Epicteto, después Séneca, Marco Aurelio, Platón, Nietzsche, aunque estos dos, lejos uno del otro, para que Nietzsche no se molestara. Estos últimos tatuajes, me parece hoy, no me los borraría. Pero las evidencias que tengo,  es que,  con en el paso del tiempo cambio de opinión. Así que me esperaré a estar seguro, para hacerme mi primer tatuaje.

jorge alberto ornelas lizardi